Entrega 66

Eric suelta mi brazo lentamente. Por un instante, temo que aparezca su vena quinqui, se saque un pincho del calcetín y amenace a Natalie con convertirla en una brocheta. Pero, para mi sorpresa, guarda silencio y yo me quedo mirándole extrañada, esperando recibir algún tipo de explicación.

— Tiene envidia, por si no lo habías notado —dice por fin.

— ¿Y qué quieres que yo le haga? —le pregunto molesta.

— Yo qué sé, es tu amiga, tú sabrás —responde levantando las cejas.

— ¡¿Es que no la has oído?! ¡Cree que le he hecho todas esas cosas adrede!

— Eso he oído, sí. Está claro que está frustrada porque quiere ser tú y no hay forma…

— ¿¿Creéis que no os oigo?? —grita Nat enfurecida.

— Ve a ver si llueve en la esquina, guapa —la contesta Eric de muy malos modos.

— Tranquilízate y hablemos, Natalie. Vamos a arreglar esto de una vez, ¿quieres? —le propongo usando una sencilla técnica de negociación que aprendí hace tiempo, consistente en poner un tono de voz, suave y neutro, acompañado de una mirada maternal.

— ¡No, no voy a arreglar nada contigo! Eres despreciable y te odio. Miraos a los dos, dais asco. Me va a dar una diabetis y todo.

Carraspeo y me rasco la cabeza hasta que se me pasa un poco el sofoco del impacto. Insisto en aclarar de una vez por todas las cosas con Natalie, a pesar del constante gesto de sorna que me dedica Eric.

— Entra en razón, por favor. No merece la pena que suframos todo esto. No quiero seguir discutiendo contigo y mucho menos en mi estado…

— ¿Sufrir? ¡Después de lo que me has hecho, todo lo que quiero es que sufras, como mínimo, todo lo que yo he sufrido por tu culpa! —vocifera con tanta rabia que apenas se distingue lo que dice.

Sus gritos me dejan muda. Hago un repaso rápido a mi alrededor para sopesar las circunstancias; Eric sin perder de vista a Natalie, Natalie echando humo como una olla exprés y yo aquí de pie, con cara de idiota, pensando si este entuerto tendrá alguna solución.

— ¡Bueno qué, Irish! —exclama de repente Eric en tono chulesco.— ¿Te vas a quedar así el resto de la mañana?

— ¡¡Y tú qué!! ¿Es que no piensas decir nada? —contesto bajo el dominio de la presión.

— ¿Yo? ¿Para qué? Seguro que tú te estás callando muchas cosas más que yo y Natalie te está pidiendo con todo su ser que se las cuentes, ¿a qué sí, Nat?

— ¡A mí m…!

— ¿Ves? —la interrumpe.— ¿O es que prefieres guardar ese hiriente piquito tuyo sólo para mí, reina?

— Pero Eric, tú… Tu qué… ¿Sabes?, —pronuncio tras una breve pausa que uso para cargarme de energía— tienes razón. ¡Ya está bien, Natalie! ¿Qué es eso de ir por ahí lloriqueando, haciéndome responsable de todas las desgracias que te pasan? ¿Es que crees que me dedico a ir por ahí tronchando la vida de la gente porque me apetece? ¡No tengo tanto tiempo libre y si lo tuviera, no lo gastaría en eso!

— ¡Claro que no! —contraataca ella.— ¡Lo utilizarías para acostarte con el tío que me gusta!

— ¡Por el amor de Dios, Natalie! Las cosas pasaron así, ¡¡qué quieres que te diga!!

— ¿Sabes, Eric? ella me hizo una advertencia. Me dijo que eras lo pero del mundo y que no me acercara a ti. Esa es la imagen que tiene sobre tu persona y parece que tú no te das cuenta. No sé qué ves en ella que te gusta tanto.

— Podría preguntarte lo mismo —responde Eric irguiéndose levemente.

— ¡Sólo te quiere para acostarse contigo como todas las demás, idiota! —replica enfadada.— Sin embargo yo…

— Sin embargo, tú me quieres para hacerme sopitas y echarme una manta por encima las mañanas de invierno, ¿no?

— ¡Irish te ve como un sucio ratero indigno de ponerse a su lado! Ella quiere a alguien importante, como Hank, pero sus planes se torcieron por avariciosa

— ¡Basta ya, Natalie! ¡Eso no es cierto! ¡Y no pienso que Eric sea indigno!

— No, es Sharon quien te hace pensar así… —murmura Eric.

— ¡Eric, no estamos hablando de eso! —le regaño.— Natalie, no metí a Eric en casa premeditadamente. Fue él quien se emperró en vivir en mi apartamento a cambio de que dejara de ver a Peck porque la estaba dejando sin blanca. ¡¡Fue un acuerdo, maldita sea!! Ni quería robarle a Peck su ligue, ni quería engañar a Hank, ni quería mentir a Sharon, ni quería hacerte daño a ti.

— ¡¡Te has estado riendo de mí todo este tiempo!!

— ¡No Nat, siempre creí en ti! Te conseguí un empleo porque de verdad sabía que podías aspirar a algo mejor. Jamás pensé que te tomarías todo esto como un ultraje, ¡por Dios!. Cómo puedes creer que trataba de abrumarte con la ropa, con el coche, con mis amigas o incluso con Hank. ¡Yo te consideraba mi amiga y disfrutaba mucho contigo! No tenía la menor pretensión de mostrarte las cosas como objetivos alcanzables o no, eso es absurdo.

— ¡¡Mentira!!

— ¡No es mentira! ¿Has visto lo que has conseguido sólo proponiéndotelo? Lograste que nos despidieran a Sharon y a mí del trabajo. Fuiste tú la que se lió al guardaespaldas de Hank para que, de alguna manera, él se enterara de lo mío con Eric. No vengas a decirme ahora que eres una inútil cuando has conseguido algo tan difícil. ¿Haría algo así alguien inútil o estúpido? Claro que no. Deja de pensar que eres inferior a los demás.

— Enzo. Se llamaba Enzo, ese guardaespaldas. Me acosté con él cuantas veces hicieron falta y le conté todo cuanto sabía sobre tu infidelidad hasta que supe que había llegado a los oídos de Hank. Más tarde me enteré de que había sido el propio Hank el que le había ordenado sonsacarme información a su guardaespaldas. Fue todo mas fácil de lo que crees y salió muy bien, aunque no estoy satisfecha con el precio que has pagado.
Ojalá nunca hubieras irrumpido en mi vida para hacerme pensar, Irish. No te das cuenta de las consecuencias, porque en el fondo eres tan simple como yo. Es por eso que tu amiga vela tanto por ti. Ella sabe que morderás todos los anzuelos, que en algún momento la cagarás y perderás todo aquello por lo que has luchado, por ser tan estúpida como yo. Un día te darás cuenta de que tú misma también estás en una nube muy alta y que el golpe contra el suelo será muy fuerte. Espero que así sea y que entonces sepas lo que se siente cuando te das cuenta de lo que eres en verdad: nadie. Que no te gusta lo que haces, que estás incómoda en ti misma y que te avergüenzas de tu verdadero yo. Admitirás que juegas al mismo juego con Eric, haciéndole pensar que es especial, o admitirás, a escondidas de ti misma, que le amas tanto como yo. Todo depende de si lo que has dicho es verdad, y en ese caso, mi opinión sobre mí misma no mejora, o si es mentira y las cosas siguen siendo como yo creía.

— ¿Hola? —dice Eric rompiendo el momento de solemnidad.— ¿Te olvidas de que a mí quien me gusta es ella y no tú, Natalie? ¡Por mucho que lo hubieras intentado, tampoco hubiera salido contigo!

— Sabía que todo esto podría acabar así, ¿sabes? —comenta Natalie haciendo caso omiso a las palabras de Eric.— Espero que cuando llegue el día en que sientas lo mismo que yo, recuerdes bien este día. Espero que lo recuerdes el resto de tu vida.

Natalie retrocede un paso e inmediatamente Eric me empuja fuertemente hasta casi hacerme perder el equilibrio. Los ojos de Nat se cruzan con los míos en una eterna milésima de segundo hasta que se cierran y su cabeza se deforma desapareciendo en un estallido desde su sien. El aire no entra más en mis pulmones, ni la voz sale de mi garganta. El rostro de Eric cubierto de sangre se interpone entre la visión del cuerpo de Natalie tirado en el suelo y yo. Me tapo la cara con las manos y siento el calor de la sangre de Natalie corriendo por mis mejillas, lo que libera por fin los gritos que estaban encerrados dentro de mí. Eric me habla, me abraza, pero mis sentidos están desactivados.

Gritos. No hay nada más. Sólo gritos y dolor.

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