Entrega 64

10:41 p.m.

Le doy el último mordisco al bocadillo de ensaladilla rusa y me avergüenzo cuando me doy cuenta de que me he chupado todos los dedos uno por uno. No puedo seguir engullendo así, como una mala bestia, ¿sabes? Resulta increíble descubrir que alguien pueda tener más hambre que yo, Ciruela, comes igual que tu padre, ojalá tengas su envidiable metabolismo.

Medito mis palabras despacio. Me doy media vuelta en la cama en cuanto la voz de Sharon resuena una vez más en mi cabeza, como si al girarme pudiera dejar de escucharla. El discurso de ayer se ha convertido en algo parecido a esa estúpida canción del verano que se engancha al cerebro y no hay forma de librarse de ella.

Sharon tiene razón —pienso. Además, ¿quién quiere traer hijos a este malvado mundo?

— Es absurdo. Tratarte como si ya estuvieras aquí y creer que me estás escuchando. Haberte convertido en mi confidente y engañarme a mí misma pensando que eres el único que me comprende. No tiene sentido, como tantas otras cosas que hago. Si vinieras al mundo, si estuvieras conmigo, te daría la risa al ver que las tonterías que te cuento son todas verdad. Esto no es sencillo para mí tampoco, ¿sabes?… A veces no es fácil hacer lo correcto, pero hay que hacerlo. Tú no te enterarás de nada y yo… yo volveré a mi vida de antes. A un nuevo trabajo, al gimnasio, a no tomarme nada en Cardigans, a encajar la soledad… A lamentarme de que ya no estás.

Sharon tiene razón —repito sollozando. Ella es la única persona en este mundo de la que puedo fiarme… Sobre todo si no vas a estar tú.

Pero gracias. Gracias por haberme acompañado este tiempo, aunque sea tonto pensar así. Y perdóname.

Lloro en silencio hasta que me veo con fuerzas para levantarme de la cama. Derrotada, mal doblo algunas prendas y las guardo en mi bolsa de viaje junto a un neceser y unas zapatillas. Giro el pomo de la puerta, temblorosa, secándome la cara con el dorso de la mano, y salgo de mi habitación con la impresión de que un gran viento me viene de frente.

Sharon se percata inmediatamente de mi presencia, pues andaba hurgando en la cocina para llevar al salón lo que, desde mi punto de vista, parecen frambuesas. Se detiene y se queda mirando mi figura como si fuera una aparición fantasmal llena de dolor. Pero no dice nada, sólo observa sorprendida cómo me acerco lentamente balanceando mi bolsa de viaje como si pesara cien veces más de lo que pesa.

— Sharon —balbuceo.— No puedo hacerlo.

— ¿Qué? —pregunta Sharon confundida.

— No voy a abortar…

— Pero… ¿Qué estás diciendo?

— No puedo, Sharon. Yo… ya sé quién es. No puedo evitar quererle.

— ¡Irish!

— Tú quieres que sea fuerte y segura de mí misma. Esta es mi decisión. Perdóname, lo siento de veras. No es fácil para mí decepcionarte de nuevo.

— ¡Irish por Dios, te das cuenta de lo que estás diciendo!…

— Sé lo que piensas de su padre y lo entiendo. Pero no voy a renunciar a mi hijo por él.

— ¿¿Has perdido la cabeza??

— Sharon, estoy haciendo lo que tú me has enseñado a hacer. Esto tengo que decidirlo yo, tanto como si me confundo como si no. Espero que algún día lo comprendas —explico con la voz quebrada. Sharon sigue mirándome con los ojos como ruedas de carro, boquiabierta, sin poder articular palabra.

— Volveré a por el resto de mis cosas, muchas gracias por todo y perdóname.

Camino hasta el recibidor y marco en el cerrojo digital los números que desbloquean la puerta de entrada del apartamento. Siento entonces la mano de Sharon agarrando mi brazo, buscando mi atención.

— ¡¡Pero a dónde leches piensas marcharte ahora!! —pregunta impaciente.

— Ya te he mareado bastante. Me iré a un hotel y buscaré un apartamento. Si aún sigues queriendo hablar conmigo, te enviaré un mensaje con mi nueva dirección.

— ¡¡Pero Irish!! —exclama. Examino el rostro de Sharon. El rostro doloroso que tanto temía ver. La abrazo, a pesar de que ella está inmóvil y consternada —Gracias por todo, Sharon. Te quiero.

Lunes, 2:45 p.m.

Paseo por la casa el elefante en que me he convertido. Regreso a la cocina por enésima vez, planto el cubo del helado sobre el barrigón, me meto tres barquillos en la boca y vuelvo al salón. Por el camino piso algo que el tacto de pies descalzos no logra adivinar y me encomiendo a los dioses para rogarles que Picky no haya vuelto a hurgar en la basura y que eso que he pisado no sean los restos del bacalao de anoche. Nunca lo sabré, porque eso de verme los pies, hace un tiempo que pasó a la historia.

— No sabes cuánto va a costarme abandonar la buena vida, Melón. Ojalá tuviera ahorros suficientes para quedarnos en casa unos cuantos meses más sin tener que preocuparnos. Claro, a ti te da igual porque te lo vas a pasar pipa viéndome comer una alcachofa acompañada de aire, pero para mí va a ser un suplicio eso y volver a trabajar. Ya oíste a Sharon el otro día: “Tiene un proyecto en mente en el que quiere que intervenga”. Sí, bueno, ya sé lo que estás pensando, pero aunque sea duro, seguro que merece la pena. No le guardes rencor a Sharon, en cuanto te vea se le caerá la baba y cambiará de opinión en cuanto a ti… Eso si llega a conocerte, porque con este calor, me da la impresión de que voy a dar a luz un pollo asado. Tengo que confesar que no puedo aguantar las ganas de que salgas de ahí, aunque seas un asado, ya sólo nos quedan dos meses para poder vernos las caras. He comprado chuminadas suficientes para cuatro melones como tú y he adornado tu habitación. Espero que los patos y los trenes no te ocasionen un trauma infantil, porque está repleto de ellos. Cuánto me va a costar dejar la buena vida… Pero la obligación llama, de hecho, alguien debería hacer la compra y a ti no te veo muy por la labor, de modo que no se hable más —sentencio incorporándome pesadamente.

Me pongo un vestido ligero en el que a duras penas quepo y me calzo al tacto unos zapatos, esperando que sean del mismo par.

— ¡A la calle! —le anuncio a Melón, mientras me cuelgo una bolsa en el hombro.

Es maravilloso sentirse como una gigante y pasearse por Queens como si hubieras salido por error de la mente de un cazafantasmas. Seguro que los demás oyen mi voz ralentizada… ¡Ay! ¡Cuánto me va a costar volver al mundo real!

— Aleluya… —escucho una voz tras de mí. Me giro rápidamente para descubrir que el dueño de ese sonido es quien me temía.

— ¡¡Tú!! ¿Pero qué haces aquí? —pregunto mirando alucinada el rostro de un Eric aparentemente disgustado.

— ¿En serio me lo preguntas? —responde enfadado.— ¡Has pasado de mí todo este tiempo! ¡Llevo meses intentando dar contigo y tú no has hecho otra cosa más que colgarme el teléfono e ignorar mis mensajes!

— ¡Y cómo me has encontrado!

— ¿Tú en qué piensas, Irish? Ese crío es tan tuyo como mío.

— ¡Déjame en paz! —exclamo girándome para continuar mi camino.

— Deja ya de tratarme como si fuera una mierda, ¡¡soy el padre!! —protesta.

— ¡Te digo que me dejes tranquila! ¡Me has arruinado la vida, niñato!

— Pero bueno, ¿es que aún sigues con esa manía de verme como a un mocoso? ¿qué tengo que hacer para que me tomes en serio? ¡¡Qué coño quieres!!

— ¡Te quiero a ti lejos!

— ¿Es por la pasta? ¿Por la zona en la que vivo? ¿Por el curro? Sé que no gano mucho con lo de las motos, ya lo había pensado, pero no se me ocurre qué más puedo hacer aparte de la otra opción, mucho más lucrativa, pero que tú encuentras tan poco ética.

— Eric, sé lo que estás intentando hacer y no pienso dejar que lo hagas. ¡Olvida que existo y vete por donde has venido!

— ¡Qué te pasa! ¿Ya te han comido el cerebro? Tengo todo el derecho del mundo a ver a mi hijo, es más, ¡no pienso dejar que hagas lo que te venga en gana porque te hayan metido tonterías en la cabeza, Irish! ¡No es justo! —grita.

— ¡¡Cómo voy a fiarme de ti!! —replico en su mismo tono.

— ¡¡De la misma forma que yo me tengo que fiar de ti!! ¿Acaso crees que resultas de confianza después de haber desaparecido todo este tiempo sin decir nada? Todas las razones que tú tienes para dudar de mí, son infundadas por otras personas, yo nunca te he hecho nada!

Reflexiono un instante su contestación. Luego me acuerdo de que tengo que comprar patatas.

— Venga, seamos razonables —añade.— ¿Y si me ayudaras a encontrar un trabajo? Seguro que no es tan difícil para ti. Un curro normalito, yo qué sé…

Guardo silencio y le miro fijamente a través de la pequeña ranura que dejan mis párpados.

— …¿Y qué sabes hacer? —responde finalmente Irish de Calcuta.

— No sé… Destripar motos.

— Joder, Eric… —musito hastiada.

— ¡Dime qué es lo que puedo hacer! ¡Dímelo y lo haré! —exclama atormentado.

— No tengo contactos en el mundo del despiece de motos robadas, lo siento.

— ¡Alguna gracia más tendré, joder! ¡Vamos, Irish, esta no eres tú!

— …Con esa insistencia, podrías vender fiambre de rata a puerta fría.

Eric sonríe y su postura parece relajarse un poco. Golpeo suavemente a Melón con los dedos mientras pienso en las posibilidades de su padre.

— No sé… Ese don encandilador que tienes, habría que explotarlo. Ese físico… Lo único que se me ocurre es que seas modelo.

— Vale —contesta rápidamente sin pensar. Definitivamente, Eric está de oferta.

— ¿Lo harías? —pregunto extrañada.

— Sí, ¿en qué consiste?

— Pues, ya sabes… Sacar morritos, dejar de lavarte el pelo, ir en pijama por la calle, esas cosas que hacen los famosos.

— Estoy hablando en serio, ¿qué tengo que hacer para ser modelo?

— Bueno, necesitarías hacerte un libro de fotografías, lo primero. Luego presentarlo en agencias de modelos y esperar a que te llamen.

— ¿Un libro de fotografías? —pregunta confundido.

— Sí, pero no se te ocurra hacerte unas fotos en el photomaton y pegarlas en un cuaderno milimetrado.

— …

— Se trata de ir a un sitio especializado donde te hacen fotos profesionales para estas cosas. Estoy segura de que cualquier agencia se fijaría en ti. Te lloverían los contratos.

— Y ya está, ¿sólo eso? —me interrumpe.

— Claro que no, Eric. Tendrás que aprender a andar, a posar, todas esas cosas. Con suerte y si las cosas te van bien, habría que pactar unos precios con la agencia, según la demanda que tengas. Además, ahora también necesitas estar presente en las redes sociales. Viajarás mucho, te tendrás que cuidar…

— Oye, ¿y tú no me puedes echar una mano con todo eso? Aunque sea para empezar…

— ¿¿Yo?? Yo comenzaré un nuevo proyecto con Sharon en cuanto Melón… Ehm, el bebé —corrijo— nazca. No voy a tener tiempo de ayudarte.

— Dime que no quieres llamar “Melón” a la criatura.

— ¡No, no es eso! No he querido saber el sexo del bebé, por lo que, aún le llamo… Bueno… Primero fue Guisante, luego Ciruela, y ahora es Melón.

— ¿Y qué va a ser el mes que viene? —pregunta entre risas.

— No creo que haya frutas tan grandes. Estoy de siete meses y parece que me he tragado la cúpula de la Basílica de San Pedro.

Eric sonríe dulcemente ladeando un poco la cabeza.

— Venga, Irish. Si me ayudas a empezar con esto, prometo no pedirte más favores. Dame una oportunidad, ¿vale? Sólo al principio… Estoy un poco perdido y tú conoces ese mundo mucho mejor que yo.

— Mmm… De… de acuerdo. Pero tendrás que portarte como es debido y hacer lo que yo te diga.

— Claro, madame, soy su siervo —dice haciendo un amago de reverencia.

— Ahora déjame, anda. Tengo que hacer la compra.

— ¿Cómo voy a dejar que hagas sola la compra? No deberías coger peso…

— ¡¡Ni hablar, listo!! ¡¡Que eres un listo!! ¡Tú lo que quieres es acompañarme hasta mi casa para saber dónde vivo! ¡Espabilado!

— ¡Pero, Irish! ¿Cómo puedes pensar eso de mí? Mírate. Sólo te falta un tío detrás tuya tocando la tuba a cada paso que das.

— ¡Que te tengo calado, Eric, que te tengo calado! ¡¡Tira!! —impero señalando con los brazos el camino opuesto al mío.

— Está bien, mujer, está bien… Hay que ver cómo te pones…

6:55 p.m.

— Sí, es muy guapo. Probablemente se convierta en uno de esos famosos que acaban teniendo un reality show. Desde luego, yo no dejaría que eso pasara, qué vergüenza, por favor… Habría que evitar ese tipo de contratos. Buscar firmas serias… ¡Ah! Aún conservo la agenda de contactos de WTP, ahí tengo teléfonos e emails interesantes.

Lo cierto es que parece mejor idea de lo que aparentaba en un principio. No creo que sea difícil convencer a algunos de esos contactos de que Eric es una buena imagen de marca. Está chupado, sólo hay que verle. Además, por mi parte, está bien que ocupe mi tiempo en hacer alguna cosa que no sea hablar contigo y comer, Melón. Y si funcionara bien, sería un trabajo hasta agradable para mí. Un sector alejado del mundo del automóvil, un nuevo reto… No se me había ocurrido, pero puede que esta sea la solución a más de un problema.

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